Podemos decir que hay una serie de aspectos comunes a las personas que mantienen una relación considerada como tóxica. Según lo pude averiguar, las características se pueden resumir en dependencia emocional.
Dependencia emocional. En este tipo de relaciones se tratan de suplir carencias afectivas, demandando amor de una forma casi adictiva. Aparecen expresiones del tipo “no puedo vivir sin ti”, “sin ti no soy nada” o “si no te tengo me muero”. El amor pasa a ser sufrimiento cuando se transforma en necesidad. En este tipo de situaciones, las personas se sienten solas y necesitan tener pareja: tienen miedo a quedarse solas y a lo que está por venir. En ocasiones, por miedo a quedarnos solos toleramos cualquier relación, aunque nos haga sentir mal.
Para salir, lo primero que debemos tener en cuenta es que el amor tiene límites. El respeto y amor a uno mismo debe estar siempre por encima de todo en cualquier relación. Esta es la clave. Una buena valoración de uno mismo permitirá establecer relaciones saludables a nivel emocional. En función de cómo yo me valore construiré mi relación con los demás.
Es importante aclarar que la libertad implica independencia pero no indiferencia; se trata de una manera sana de relacionarse con los demás, tomando aquellas decisiones que sean más acordes a nuestro bienestar.
La base de una relación es la comunicación. Este es el punto clave de cualquier relación, claro, si no podemos contarle a la otra persona lo que nos disgusta o nos hace sentir mal, no podemos mantener una relación sana. Esta comunicación debe ser siempre asertiva, respetando al otro pero también a uno mismo, defendiendo nuestros gustos y opiniones.
Entonces, la clave para salir de una relación tóxica son la autoestima y la autoconfianza. Claro, las relaciones sanas se construyen a partir de la libertad de cada una de las partes.
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